miércoles, 30 de junio de 2010

La peor batalla

Siempre me quedo con el frio de una frase no dicha
o de la dicha que claramente sobraba
con el posible malentendido y que, gota a gota,
va llenando el vaso de mi desesperación
no me atrevo a ser el viajero que va de aeropuerto en aeropuerto
y voy reuniendo el valor para ser ese conductor
que circula solo, de madrugada, en el carril de vuelta
al que todos los demás conductores miran como si errase en el camino elegido
el típico turista que circula entre la gente sin encajar
sólo soy un ciego buscando la salida de tus labios
buscando la salida de mí
porque no hay peor batalla
que la que se lucha contra uno mismo.

domingo, 13 de junio de 2010

Cobardía de...

Mirad que nube más bonita! dijo el ojo al resto de sus amigos los sentidos
la palma de la mano intentó tocarla pero no lo consiguió
la naríz intentó olerla pero no lo consiguió
la lengua intentó saborearla pero no lo consiguió
el oído trás no oír nada dijó:
ojo, no existe tal nube, te has equivocado.
Esto es lo que hacemos normalmente en nuestra vida
aunque sepamos que el corazón nos indica la respuesta correcta
terminamos por racionalizar que está equivocado.

sábado, 12 de junio de 2010

Mi amargura sin paisaje

Me estoy quedando sin aliento, sin pulso
las respiraciones cada vez más espaciadas
empiezan a ser ineficaces
mi corazón se apaga transformándose en polvo
empiezo a sentir la ausencia de lo que me rodea
no veo, no miro, no puedo tocar
no siento
me quedo sin sueños
detrás de todo ya no hay nada.

jueves, 10 de junio de 2010

La pieza que no encaja es la que más sufre en el puzzle de Miguelón

La música flota sobre nuestras cabezas y se mezcla con los pensamientos, atenuados por la escasa luz y el creciente humo. Todos queremos pasarlo bien. Todos queremos resultar atractivos. Es sábado por la noche: momento clave y esperado durante toda la semana para desarrollar nuestra vida social. Nadie quiere que se acabe este instante. En realidad, inconscientemente, estamos unidos por el sueño imposible de parar el tiempo y quedar para siempre inmortalizados, bailando esta canción, con esta copa de esto en la mano, etc. Para no tener que recordar, sino vivir eternamente, los que tienen que ser los mejores años de nuestra vida.
- Esta canción me encanta.
- Pero si no sabes ni de quién es.
- Bueno, ¿y qué?, lo importante es que me guste, ¿no?
(entre risas) - Por supuesto, por supuesto.
(con pretendida dureza) - Pues eso.
Esta es María, una de mis mejores amigas. Nos conocemos desde hace tres años y nos llevamos como hermanos. Estamos muy unidos, sobretodo por la música. Yo siempre con mi labor analítico.científica. Ella, sólo disfrutándola lúdicamente. Por eso siempre estoy metiéndome con ella. Me encanta cuando se enfada. Me gusta, para qué engañarnos.
María lleva algún tiempo fijándose en un chico. Debe de ser una especie de flechazo, porque apens lo ha visto; aunque nunca he creído en esas cosas. "¿Por qué nos cuenta esto?", os preguntaréis. Pensaréis: "Es algo normal". Con vosotros estoy. Pero hay un miembro en esta cadena de amor que no encaja.Es como una tuerca defectuosa que, conforme más se ajusta, deja evidenciada en mayor grado su imperfección. Así, en medio de esta crueldad, las demás piezas se colocan poco a poco, pero esta pobre desgraciada se va deformando más y más, hasta quedar irreconocible. Pero hay algo más, y es que no le basta con padecerlo, sino que sufre por su inadaptación, sin darse cuenta de que lo único que sucede es que alguien cambió su lugar por el de la otra.
- Mira es Pedro.
- Sí.
- Me gusta su camiseta.
- Es muy chula.
Pedro nos ha visto y no duda en acercarse sonriente. Es muy simpático y parece buena persona. Me cae bien y todo, lo cual no deja de hundirme más, porque si me diera razones para odiarlo, lo odiaría -vaya si lo haría- pero no puedo. El no tiene culpa de nada, y desde luego María tampoco. Sólo yo...
LLevamos casi una hora hablando y no salgo de mi asombro. Intervengo y río como si verdaderamente estuviera alegre. Como si tuviera razones para ello. Como si alguien me lo pidiera. María está encantada. No me extraña; mi competidor y yo os llevamos de maravilla. Debe de parecer que hasta me lo estoy pasando bien...lo otro va por dentro. Porque yo sólo quiero llorar donde nadie me vea. Les he dicho que voy a pedir algo. Mi corazón necesita un respiro. Voy a hablar un poco con la camarera, igual me da un consejo. Otra cosa es que lo entienda.
Cuando me doy la vuelta, veo que Pedro ya no está. Esta es la parte que más odio (como veis, no es la primera vez que estoy en esta situación). Ahora yo iré y ella me empezará a contar todo, sin preguntarse antes si de verdad quiero oírlo (pero claro, por qué no iba a querer). Yo no puedo disimular y ella me preguntará si me pasa algo y yo le diré que no y ella me dirá que no se lo cree y...miedo me da cómo podemos acabar hoy. Así que me voy a ir ahora, que aún no me ha visto. Mañana le diré que es que no la vi y pensé que se había marchado con él, o quizá que me encontré con
- Miguel!!!!
(Mierda)
- ¿Adónde vas?
- Bueno, nada, iba...pero es igual. Tú, ¿qué tal?
- Pues muy bien; ¡es majísimo! oye, gracias por quedarte, que si me dejas sola, ¡que vergüenza!
Me esfuerzo al máximo por conseguir una leve sonrisa y aparto la mirada. Es lo más que puedo hacer.
- ¿Te pasa algo?
- No, nada.
- No sé, te veo raro, ¿de verdad que no te pasa nada?
- Me duele un poco la cabeza.
(qué podía decir)
- Espera, le preguntaré a Laura, que seguro que lleva aspirinas.
Se aleja y yo me siento en las escaleras, porque dolor de cabeza no tengo, pero estoy muy mareado. Debe de ser de tanto pensar una y otra vez en lo mismo, sin llegar nunca a una solución. Tengo que hacer algo. Llevo así mucho tiempo...ya casi no puedo dormir...
- Toma, tu aspirina.
- Escucha, María, tengo que decirte algo.

martes, 8 de junio de 2010

El final del verano (de Miguel)

Mi hermano y yo, cuando éramos pequeños y, allá para junio, terminaba el colegio, hacíamos una especie de ritual. Nos convencíamos el uno al otro de que ese año, el verano no iba a terminar nunca. hasta entonces no había resultado, pero seguro que si esta vez nos lo creíamos de verdad, funcionaría.
Ahora que hemos crecido, recordamso aquellos tiempos con nostalgia y nos reímos de nosotros mismos. Pero todavía retengo en la memoria la imagen de ese niño triste y solitario que fui, y que nunca he dejado de ser.
Han pasado los días y no he hecho nada de lo que dije que haría. No me apunté a esos cursillos. No he ido al gimnasio ni una sola vez. No me he puesto moreno...y me veo tan blanco que parezco estar más enfermo. Pero ahora ya no importa...tan solo quiero que todo esto se acabe...ya. Ví más televisión de la que pude imaginar ver y he perdido más tiempo...que en toda mi vida. Siempre éramos los mismos, siempre hacíamos lo mismo...en un continuo fin de semana.
Tú también estás aquí...pero todo ha cambiado, ya nada volverá a ser lo mismo...y sigues sin hablarme...da igual, ya se te pasará. Lo nuestro fue para mí más doloroso que otra cosa. dolor desde el principio hasta el final, dolor que alimentaba día tras día mi corazón y hacía de mí una embrutecida máquina de sufrir...he aprendido a odiarte todo este tiempo...he aprendido a hacerlo, y a herirte, y a disfrutar haciéndolo.
Pero hay algo que debes saber, y es que nunca te he olvidado, lo cual ya es algo, mucho para un ser emocionalmente estéril, como yo. Puedo morir tranquilo...y saber orgulloso que he sido el protagonista de una historia de amor...contigo.
Septiembre se presenta casi sin avisar, y trae consigo frío y movimiento. Recuerdo hace unas semanas...¡la calle era mía!, ni una persona, ni un coche, sólo yo te he sido fiel...verano en la ciudad...ciudad vacía, desierta...y en obras. Ni se os ocurra volver,...quedaos en la playa, en el mar, en la montaña...volver es morir...y rezamos para no volver jamás.
El otro día volví a pensar en ello...recuerdo la primera vez que se me ocurrió...¡qué sensación de libertad!, me sentía pletórico, os decía adiós a todos, a mis problemas...aunque ya no tengo ni problemas.
Intentaba hacer funcionar mi cabeza, pero esas canciones...esas canciones se entrecruzaban, y mi pensamiento se volvía lentoespeso y repetitivo. Minaban mi cerebro y cambiaban ideas por sonidos, trágico mercadeo, al que nunca quise acostumbrarme. Ellas me despedían del verano antes de que se estuvieran acabando.
No comprendo como algo tan atractivo por fuera, escondía la llave de mi primera depresión.
...Lo que en realidad no comprendo es por qué voy a echar de menos este maldito verano.