jueves, 10 de junio de 2010

La pieza que no encaja es la que más sufre en el puzzle de Miguelón

La música flota sobre nuestras cabezas y se mezcla con los pensamientos, atenuados por la escasa luz y el creciente humo. Todos queremos pasarlo bien. Todos queremos resultar atractivos. Es sábado por la noche: momento clave y esperado durante toda la semana para desarrollar nuestra vida social. Nadie quiere que se acabe este instante. En realidad, inconscientemente, estamos unidos por el sueño imposible de parar el tiempo y quedar para siempre inmortalizados, bailando esta canción, con esta copa de esto en la mano, etc. Para no tener que recordar, sino vivir eternamente, los que tienen que ser los mejores años de nuestra vida.
- Esta canción me encanta.
- Pero si no sabes ni de quién es.
- Bueno, ¿y qué?, lo importante es que me guste, ¿no?
(entre risas) - Por supuesto, por supuesto.
(con pretendida dureza) - Pues eso.
Esta es María, una de mis mejores amigas. Nos conocemos desde hace tres años y nos llevamos como hermanos. Estamos muy unidos, sobretodo por la música. Yo siempre con mi labor analítico.científica. Ella, sólo disfrutándola lúdicamente. Por eso siempre estoy metiéndome con ella. Me encanta cuando se enfada. Me gusta, para qué engañarnos.
María lleva algún tiempo fijándose en un chico. Debe de ser una especie de flechazo, porque apens lo ha visto; aunque nunca he creído en esas cosas. "¿Por qué nos cuenta esto?", os preguntaréis. Pensaréis: "Es algo normal". Con vosotros estoy. Pero hay un miembro en esta cadena de amor que no encaja.Es como una tuerca defectuosa que, conforme más se ajusta, deja evidenciada en mayor grado su imperfección. Así, en medio de esta crueldad, las demás piezas se colocan poco a poco, pero esta pobre desgraciada se va deformando más y más, hasta quedar irreconocible. Pero hay algo más, y es que no le basta con padecerlo, sino que sufre por su inadaptación, sin darse cuenta de que lo único que sucede es que alguien cambió su lugar por el de la otra.
- Mira es Pedro.
- Sí.
- Me gusta su camiseta.
- Es muy chula.
Pedro nos ha visto y no duda en acercarse sonriente. Es muy simpático y parece buena persona. Me cae bien y todo, lo cual no deja de hundirme más, porque si me diera razones para odiarlo, lo odiaría -vaya si lo haría- pero no puedo. El no tiene culpa de nada, y desde luego María tampoco. Sólo yo...
LLevamos casi una hora hablando y no salgo de mi asombro. Intervengo y río como si verdaderamente estuviera alegre. Como si tuviera razones para ello. Como si alguien me lo pidiera. María está encantada. No me extraña; mi competidor y yo os llevamos de maravilla. Debe de parecer que hasta me lo estoy pasando bien...lo otro va por dentro. Porque yo sólo quiero llorar donde nadie me vea. Les he dicho que voy a pedir algo. Mi corazón necesita un respiro. Voy a hablar un poco con la camarera, igual me da un consejo. Otra cosa es que lo entienda.
Cuando me doy la vuelta, veo que Pedro ya no está. Esta es la parte que más odio (como veis, no es la primera vez que estoy en esta situación). Ahora yo iré y ella me empezará a contar todo, sin preguntarse antes si de verdad quiero oírlo (pero claro, por qué no iba a querer). Yo no puedo disimular y ella me preguntará si me pasa algo y yo le diré que no y ella me dirá que no se lo cree y...miedo me da cómo podemos acabar hoy. Así que me voy a ir ahora, que aún no me ha visto. Mañana le diré que es que no la vi y pensé que se había marchado con él, o quizá que me encontré con
- Miguel!!!!
(Mierda)
- ¿Adónde vas?
- Bueno, nada, iba...pero es igual. Tú, ¿qué tal?
- Pues muy bien; ¡es majísimo! oye, gracias por quedarte, que si me dejas sola, ¡que vergüenza!
Me esfuerzo al máximo por conseguir una leve sonrisa y aparto la mirada. Es lo más que puedo hacer.
- ¿Te pasa algo?
- No, nada.
- No sé, te veo raro, ¿de verdad que no te pasa nada?
- Me duele un poco la cabeza.
(qué podía decir)
- Espera, le preguntaré a Laura, que seguro que lleva aspirinas.
Se aleja y yo me siento en las escaleras, porque dolor de cabeza no tengo, pero estoy muy mareado. Debe de ser de tanto pensar una y otra vez en lo mismo, sin llegar nunca a una solución. Tengo que hacer algo. Llevo así mucho tiempo...ya casi no puedo dormir...
- Toma, tu aspirina.
- Escucha, María, tengo que decirte algo.

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