martes, 2 de marzo de 2010

¿Por qué empece a escribir?

Estamos sufriendo un duro cambio de estación. Llega el otoño lentamente y se desliza sobre nuestros sentimientos como una tiza mal afilada sobre una pizarra. Todos los años es igual y aunque lo intento, no puedo evitar venirme abajo como las hojas de los árboles.
Quizás es que yo sea un hombre otoñado y que nací así, igual que nací miope y con sangre en las venas. Pero lo que más me desagrada de esta sensación que acaba de instalarse en mis pulmones es comprobar que hay una parte de los seres humanos que me rodean que no la comparten. No comparten ni esta ni niguna de las milas de cuchillas de afeitar que en forma de extrañeza me cortan todos los días. Esa gente está segura de sí misma. Están vivos pero la vida no va con ellos.
Está claro que para vivir hay que perder la vida y me parece sensato renunciar, esconderse, protegerse, defenderse. Madurar es un asco, hacerse adulto apesta y estar dispuesto a dar un paso al frente a cada misión de alto riesgo que se presenta exige una gran preparación.
Me entristece ver una humanidad cobarde que ha renunciado a desembarcar en Normandía y que vive de espaldas a sus latidos primordiales. Pero comprendo que gasten todo su presupuesto sentimental en seguridad personal. No olvidemos que "el espejo acaba por obligarnos a nosotros mismos", nosotros somos siempre otros.
Es un sueño estúpido querer ser uno mismo, intentar conocerse. ¡Qué gran pérdida de tiempo querer ser alguien en esta vida! Lo importante es estar en el campo de batalla y no sólo sobrevivir, vencer. No hay más que realidad. "Sólo el suicida piensa que puede salir por puertas que en la pared sólo están pintadas".
Estamos contando nuestras pertenencias, haciendo inventario de nuestros sueños en el paraíso a escala en el que cada uno de nosotros hemos sido encerrados. No busquemos nada, no nos busquemos.
Puede pasarnos como al taxista que el otro día recogió a una amiga. Le dijo: "Señorita estoy triste. Tengo sesenta y dos años y acabo de descubrir que no valgo para taxista". Cuando acabó el trayecto se dió cuenta de que no había encendido el taxímetro.

3 comentarios:

  1. Uff!!!tocada y hundida...

    Saludos de la chica intentándolo.

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  2. Joder vaya entrada, muy buena Sisifo. Jode cuando alguien te pone los pies en el suelo... o te quita el suelo bajo los pies.

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  3. Me gustado esta entrada y también lo que ha puesto Tom.
    Hay veces que necesitamos que alguien nos diga: oye que vives, pero nosotros también.

    un besito

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